Una posibilidad de cambio existe, es lo que nos guía al crecimiento. ¿Cómo llevarlo acabo? Hemos recibido una influencia sociocultural que nos deja como mensaje intentar cambiar a partir de destruir lo que no nos gusta, o no nos hace bien. En estas conductas existe la negación, el rechazo, dando lugar en nuestro interior a emociones de enojo y frustración. Todo pasa a ser como lo imposible, nos decimos “no puedo“ o “yo soy así y no me sale“. Y al tiempo de nuevo… volvemos a encontrarnos en la misma situación que antes no quisimos estar, la situación que deja ese sentimiento de desesperación, angustia.
Para modificar una conducta, una imagen, nuestra imagen corporal, un comportamiento, la posibilidad de decir “no” sin sentimientos de culpa posteriores… debe hacerse desde el AMOR, primero aceptando, conociendo y no negando aquello a cambiar. Y luego sabiendo que el miedo no debe ser eliminado sino que su función de paralizarnos se puede cambiar por la de guiarnos en el sentido que nos permita crecer.
domingo, 22 de mayo de 2011
jueves, 6 de enero de 2011
Marcalmo
Faltaban unos minutos para las 18hs cuando en la sala de espera del consultorio veo a Sara, mujer de unos 46 años.
Nos conocemos desde hace aproximadamente un año y un poquito más. En aquel momento había solicitado terapia dado que todas las noches al llegar de su trabajo bebía hasta dormirse. Se encontraba angustiada, su voz era suave y le costaba mucho hacerse oír, su cabeza levemente inclinada a uno de los lados en posición de “yo pobre”. Conflictos laborales, y así también familiares, especialmente con su mamá que vivía y vive próximo a Sara.
Madre de dos hijos adolescentes. Su ex esposo se encontraría en prisión. Ella desconoce el lugar donde estaría cumpliendo la condena el papá de sus hijos.
Salude a Sara con un gesto y la invito a ingresar al consultorio.
-Hola Sara, como estas?
-Bien y vos Marcelo?
Sí, no había logrado escuchar bien lo que me dijo, si bien esa modalidad de hablar bajito ya no era tan frecuente en Sara, esa vez no logre entender lo que me dijo. Y le pregunté:
-¿Cómo?
-Ay!!! Sí, te dije Marcelo, no sé porque.
Me senté en mi sillón, ella ya lo había hecho en el suyo.
-¿Marcelo? ¿Por qué?
-Ay, no sé porque te dije Marcelo, no conozco ningún Marcelo.
-¿con qué lo relacionas a ese nombre?
Piensa, su mirada va levemente desde el piso hacia mi. Veo que se toca su brazo. Parece confundida.
-No. No sé. De verdad no sé porque te dije Marcelo, ¿Viste lo que me pasó?
-¿qué?
Yo seguí pensando en ese nombre, y después me dí cuenta que ella también dado que lo que me estaba contando tenía relación con lo sucedido.
-Me salió una reacción alérgica. Mira mi brazo y el cuello como se ponen colorados. Es cuando me pongo nerviosa. Estaba esperándote ahí en la sala de espera y pensaba lo que me habías dicho la semana pasada y me puse nerviosa…
-¿Sí? Contame. Me interrumpe diciéndome:
-Ay sí. Conozco, bueno, conocí un Marcelo… fue un ex novio mió, más joven que yo, tendría unos 35 años, fue hace un tiempo, no mucho, después de mi separación con el papá de los nenes salí con algunos, y entre esos con Marcelo. Teníamos muy buen sexo con él.
Piensa, y se sonríe. Y continua contándome.
-Un día después de haber estado juntos me llevo hasta mi casa, me saludó y yo sabía que esa sería la última vez que lo vería.
Mis ojos se abrieron, el mismísimo Inconsciente se presentaba ante mí. Esas cosas que yo llamo como especiales, únicas, mágicas, que aparecen inesperadamente. También sería la última vez que la vería, dado que la semana pasada habíamos pautado finalizar la terapia.
Sara agrega:
-Todos los hombre me dejan.
(…)
Nos conocemos desde hace aproximadamente un año y un poquito más. En aquel momento había solicitado terapia dado que todas las noches al llegar de su trabajo bebía hasta dormirse. Se encontraba angustiada, su voz era suave y le costaba mucho hacerse oír, su cabeza levemente inclinada a uno de los lados en posición de “yo pobre”. Conflictos laborales, y así también familiares, especialmente con su mamá que vivía y vive próximo a Sara.
Madre de dos hijos adolescentes. Su ex esposo se encontraría en prisión. Ella desconoce el lugar donde estaría cumpliendo la condena el papá de sus hijos.
Salude a Sara con un gesto y la invito a ingresar al consultorio.
-Hola Sara, como estas?
-Bien y vos Marcelo?
Sí, no había logrado escuchar bien lo que me dijo, si bien esa modalidad de hablar bajito ya no era tan frecuente en Sara, esa vez no logre entender lo que me dijo. Y le pregunté:
-¿Cómo?
-Ay!!! Sí, te dije Marcelo, no sé porque.
Me senté en mi sillón, ella ya lo había hecho en el suyo.
-¿Marcelo? ¿Por qué?
-Ay, no sé porque te dije Marcelo, no conozco ningún Marcelo.
-¿con qué lo relacionas a ese nombre?
Piensa, su mirada va levemente desde el piso hacia mi. Veo que se toca su brazo. Parece confundida.
-No. No sé. De verdad no sé porque te dije Marcelo, ¿Viste lo que me pasó?
-¿qué?
Yo seguí pensando en ese nombre, y después me dí cuenta que ella también dado que lo que me estaba contando tenía relación con lo sucedido.
-Me salió una reacción alérgica. Mira mi brazo y el cuello como se ponen colorados. Es cuando me pongo nerviosa. Estaba esperándote ahí en la sala de espera y pensaba lo que me habías dicho la semana pasada y me puse nerviosa…
-¿Sí? Contame. Me interrumpe diciéndome:
-Ay sí. Conozco, bueno, conocí un Marcelo… fue un ex novio mió, más joven que yo, tendría unos 35 años, fue hace un tiempo, no mucho, después de mi separación con el papá de los nenes salí con algunos, y entre esos con Marcelo. Teníamos muy buen sexo con él.
Piensa, y se sonríe. Y continua contándome.
-Un día después de haber estado juntos me llevo hasta mi casa, me saludó y yo sabía que esa sería la última vez que lo vería.
Mis ojos se abrieron, el mismísimo Inconsciente se presentaba ante mí. Esas cosas que yo llamo como especiales, únicas, mágicas, que aparecen inesperadamente. También sería la última vez que la vería, dado que la semana pasada habíamos pautado finalizar la terapia.
Sara agrega:
-Todos los hombre me dejan.
(…)
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