Faltaban unos minutos para las 18hs cuando en la sala de espera del consultorio veo a Sara, mujer de unos 46 años.
Nos conocemos desde hace aproximadamente un año y un poquito más. En aquel momento había solicitado terapia dado que todas las noches al llegar de su trabajo bebía hasta dormirse. Se encontraba angustiada, su voz era suave y le costaba mucho hacerse oír, su cabeza levemente inclinada a uno de los lados en posición de “yo pobre”. Conflictos laborales, y así también familiares, especialmente con su mamá que vivía y vive próximo a Sara.
Madre de dos hijos adolescentes. Su ex esposo se encontraría en prisión. Ella desconoce el lugar donde estaría cumpliendo la condena el papá de sus hijos.
Salude a Sara con un gesto y la invito a ingresar al consultorio.
-Hola Sara, como estas?
-Bien y vos Marcelo?
Sí, no había logrado escuchar bien lo que me dijo, si bien esa modalidad de hablar bajito ya no era tan frecuente en Sara, esa vez no logre entender lo que me dijo. Y le pregunté:
-¿Cómo?
-Ay!!! Sí, te dije Marcelo, no sé porque.
Me senté en mi sillón, ella ya lo había hecho en el suyo.
-¿Marcelo? ¿Por qué?
-Ay, no sé porque te dije Marcelo, no conozco ningún Marcelo.
-¿con qué lo relacionas a ese nombre?
Piensa, su mirada va levemente desde el piso hacia mi. Veo que se toca su brazo. Parece confundida.
-No. No sé. De verdad no sé porque te dije Marcelo, ¿Viste lo que me pasó?
-¿qué?
Yo seguí pensando en ese nombre, y después me dí cuenta que ella también dado que lo que me estaba contando tenía relación con lo sucedido.
-Me salió una reacción alérgica. Mira mi brazo y el cuello como se ponen colorados. Es cuando me pongo nerviosa. Estaba esperándote ahí en la sala de espera y pensaba lo que me habías dicho la semana pasada y me puse nerviosa…
-¿Sí? Contame. Me interrumpe diciéndome:
-Ay sí. Conozco, bueno, conocí un Marcelo… fue un ex novio mió, más joven que yo, tendría unos 35 años, fue hace un tiempo, no mucho, después de mi separación con el papá de los nenes salí con algunos, y entre esos con Marcelo. Teníamos muy buen sexo con él.
Piensa, y se sonríe. Y continua contándome.
-Un día después de haber estado juntos me llevo hasta mi casa, me saludó y yo sabía que esa sería la última vez que lo vería.
Mis ojos se abrieron, el mismísimo Inconsciente se presentaba ante mí. Esas cosas que yo llamo como especiales, únicas, mágicas, que aparecen inesperadamente. También sería la última vez que la vería, dado que la semana pasada habíamos pautado finalizar la terapia.
Sara agrega:
-Todos los hombre me dejan.
(…)
jueves, 6 de enero de 2011
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