jueves, 19 de marzo de 2026
La libertad frente al deseo
Las decisiones de la vida no siempre pueden ir alineadas a los mandatos evolutivos. El deseo puede ir en una dirección en contra a los valores propios o de la comunidad a la que pertenecemos.
La biología puede avalar lo que la conciencia no.
Desde la lógica evolutiva, el comportamiento está orientado a sostener la supervivencia y la reproducción. Por consiguiente genera una tensión entre la biología, el deseo y la regulación simbólica, o sea los valores.
El ser humano no solo vive en el plano biológico. Desarrolló una conciencia dando la aparición a valores y normas sociales. Esto da lugar a otro plano que oficia en la regulación de la convivencia. En ese plano hablamos del límite, la elección y la responsabilidad. No todo lo que se deseamos es legítimo pese a que tenga una base biológica. Eso que deseamos no desaparece de nosotros por el hecho de ser ilegítimo, sino que persiste e insiste. Si se lo intenta anular entonces reaparece como un síntoma por lo que nace un conflicto interno, que puede aun agravarse por el sentimiento de culpa que suele ser más rígido que el valor que se intenta defender.
El trabajo es reconocerlo sin negarlo, entendiendo la raíz y decidir qué hacer con eso en función a los propios valores, no solo de mandatos externos.
Nuestra libertad no reside en no tener impulsos sino en no estar gobernado por ellos.
martes, 17 de marzo de 2026
Empatía
Me inquietó desde mi rol en las charlas con personas una vinculación entre su bienestar y las acciones que estos sostenían con otras personas en posible posición de desventaja. Así mismo observe lo opuesto, aquellas personas que su enojo los desbordaba, los dolores físicos los perseguían, las quejas se repetían contantemente. Los mismos que permanecían en vivencias de insatisfacciones suscitadas y estados vindicativos o en búsquedas de reconocimiento a cualquier precio. En estos últimos era común que no lograran ver a los otros con compasión, que no es lastima, no es una posición de jerarquías, donde uno está por encima del otro sintiendo lastima, sino una comprensión del sufrimiento ajeno.
Entonces revisé, leí, empecé a repasar y estar más atento a esto. Sentí encontrar una solución, quiero hablar sobre lo que yo considero un remedio, un modo, un camino. Una sanación es posible, trabajar sobre nuestra posibilidad de empatizar y lograr ser caritativos.
Pero para llegar a la empatía y luego a la acción de caridad, primero me gustaría hablar de la atención, ¿de qué trata esta función psíquica?
Las áreas del cerebro involucradas en la atención son la Corteza Prefrontal, el sistema reticular activador ascendente (SRAA), este está conformado por una amplia red de neuronas que se extiende desde la base del cerebro y asciende hacia la corteza cerebral. Esto nos permite estar en alerta y conscientes. Los neurotransmisores que habitan el SRAA son la dopamina, noradrenalina y serotonina. Estos neurotransmisores hacen que nos podamos mantener atentos y en alerta.
Bien, pero esta función psicología, la atención, no solo nos sirve para estar en alerta, sino que también cumple con posibilitarnos la concentración, focalizarnos en algo, dirigir nuestra mirada hacia algo en particular, dirigir y sostener sobre algo o alguien. Nazareth Casstellanos, científica y divulgadora, hizo una definición que me pareció muy apropiada para vincular la función de la atención con lo que realmente es mi motivo de este escrito, la empatía caridad. Ella dice que atender es desatender. Claro, ahí me di cuenta. A qué estamos atendiendo, o en qué nos estamos concentrando que no logramos la empatía. Por lo que no logramos concentrarnos en el otro.
Tomemos como una primera y básica definición que la empatía es ponerse en el lugar del otro comprendiendo lo que le sucedería.
Acá aparece un elemento más, El ego. ¿Cómo jugaría en todo esto? El ego no es malo, siempre y cuando no nos olvidemos que es solo una estructura funcional que entre otras cosas nos sirve para percibir, evaluar la realidad, tomar decisiones consientes, contener nuestros impulsos. Una funcionalidad y no una esencia. El ego se vuelve en nuestra contra cuando nos identificamos con la imagen que creemos ser, pero que solo creemos, no con lo que esencialmente somos.
Desde la filosofía gestáltica, se diría que el ego es una construcción necesaria para funcionar, pero que debe ser transparente, dice es un instrumento, no un amo, muchos somos dominados por él. Y es en ese momento cuando nos alejamos de lo más puro y saludable. Cuando la atención se libera del ego como centro, utilizando por ejemplo la práctica de la atención plena o la presencia empática, es ahí donde emerge una forma más profunda de empatía, porque se percibe al otro sin filtros egocéntricos.
Cuando el Ego se rigidiza o se sobredimensiona, busca defender su identidad constantemente. Surgen mecanismos de defensa como la proyección, el juicio o la comparación, en ese estado la atención se vuelve autorreferencial, nos centramos en nuestra propia imagen buscando, necesitando tener razón o queriendo ser validados. La empatía disminuye, porque el otro se percibe como una amenaza o un espejo que pone en evidencia lo que el ego no tolera ver.
Carl J. Jung definió La Sombra, como aquella actividad inconsciente que ve en el afuera aspectos inconscientes, negados, reprimidos, rechazados socialmente, o por uno mismo. Lo oscuro que solo pueden verse reflejado en los demás. Una proyección de lo negado internamente.
Entonces es necesaria una acción que involucre desconcentrarse para lograr atención y así empatizar. Dejar de mirarnos a nosotros mismos.
Viktor Frankl (1905–1997) psicólogo, creador de la Logo Terapia. Sostuvo que la caridad y la empatía no son meros actos morales, sino expresiones del sentido de una propia existencia del ser humano. Mencionó que el hombre encuentra significado a la vida al vincularse amorosamente con el otro.
Hubo un experimento de la Universidad de California, en Los Ángeles, en el año 2000 y que dio unas publicaciones en el 2005 y 2010, este se centró en cómo el voluntariado y los actos altruistas impactan en la salud mental y emocional. El grupo de participantes comprometidos comenzaron a hacer voluntariados en refugios, comedores comunitarios y apoyo a personas en situaciones de vulnerabilidad.
Los resultados revelaron que quienes participaban en estas actividades experimentaban un aumento significativo en su bienestar general, una mayor satisfacción con la vida. Esto se interpretó como un efecto positivo de la empatía y la conexión social, ya que, al ayudar a otros, se fortalece el sentido de propósito y la conexión con la comunidad. Provocando también una reducción de los niveles de estrés y ansiedad. El estrés es una función necesaria para supervivencia, pero cuando lo estamos viviendo de forma crónica, o sea de manera constante, sumergidos en pensamientos rumiantes, en sucesivos conflictos vinculares, preocupaciones de diferente tipo. Ante esto los reguladores de cortisol se sobrecargan y se dificulta su nivelación. Las glándulas suprarrenales liberan por todo el torrente sanguíneo cortisol y nuestro sistema nervioso adrenalina y noradrenalina, situación que perduraría por durante aproximadamente noventa minutos en nuestro cuerpo. Con esto el sistema inmune se ve afectado. Aparece la ansiedad involucrando y afectando áreas cognitivas, ejemplo memoria. Generando tiempos de Insomnio y fatiga. El cortisol liberado a partir de la situación de estrés empieza a generar efectos metabólicos como un aumento del apetito y acumulación de grasa abdominal.
De los resultados también se obtuvo que los efectos positivos obtenidos después de esas actividades no solo eran temporales, sino que se mantenían a largo plazo, lo que sugiere un beneficio sostenido en el tiempo de la salud mental.
Encontré varios estudios similares al de la Universidad de California.
En 2013 otro estudio en la Universidad de Harvard mostraba como las áreas del cerebro relacionadas con la recompensa (sensación de bienestar) y la empatía se activaban mostrando un incremento en su actividad.
En la Universidad de Stanford en 2018 se concluyó después del análisis de las experiencias realizadas que la resiliencia y la percepción de un bienestar general eran presentes en aquellos que habían ejercido la caridad. La resiliencia es la capacidad que podemos tener para adaptarnos y salir de manera fortalecida ante la adversidad. Todo da evidencia solida que la actividad altruista, voluntariosa, empática, la caridad no solo benefician al que la recibe, sino que también al que la ejerce. No nos evita el sufrimiento nos ayuda a percibirlo como una posibilidad de cambio y transformación.
El ejercicio de la empatía, pero esta no como un ideal abstracto, sino un modo de estar en el mundo, conectados con el que está al lado, o un poco mas allá, reeduca nuestro sistema nervioso y alimenta el corazón.
Ya cerrando, no quiero dejar afuera lo que para mí como definición de Amor encontré más acorde en las charlas diarias. Una cantidad de interés por el bienestar del otro, más allá que ese bienestar no tenga que ver con nosotros mismos. Amor, regocijo en el bienestar del mudo.
28 del octubre 2025.
Offēnsa
La intención de este escrito es brindar orientación a quienes, en algún momento, se encontraron frente a un amigo o familiar que se mostró dolido u ofendido y que, acto seguido, los culpó de su enojo y se retiró del vínculo sin dar lugar a explicación alguna.
Cuando percibimos que alguien ya no nos habla como antes, o directamente nos evita, es natural que surja la duda. Aparece entonces un bucle de pensamientos, ¿qué hice?, ¿en qué fallé?, ¿de qué soy culpable o responsable? En situaciones así buscamos certezas, intentamos no perder el control, vamos detrás de una verdad imaginada, ensayando posibles causas del enojo del otro.
Detrás de esto hay miedo a perder el vínculo, a ser rechazados, a quedar afuera. La intensidad de ese miedo varía según la historia psíquica de cada uno. Es necesario advertir esa compulsión al control y a la certeza, hacerla consciente y desestimarla, para no quedar atrapados en pensamientos rumiantes que no conducen a ningún esclarecimiento real.
La persona ofendida, molesta o enojada, cuando logra expresar lo que le pasa, suele hacerlo desde el reproche. Enumera con seguridad todo lo que hizo por el otro a lo largo de los años, favores, atenciones, gestos. Muchas veces se presenta como un anfitrión ejemplar, alguien que “dio todo”. Desde allí, adopta una posición de superioridad moral, como si hablara desde un púlpito ético, explicando cómo debería ser una amistad y ubicándose por encima de lo que el otro puede ofrecer. La relación pasa a medirse en términos de cuánto dio cada uno y cuánto recibió.
Muchos habrán vivido situaciones así de reclamos cargados de reproche, celos encubiertos, una vivencia de victimización que es sostenida en una idea de justicia propia. Personas que se sienten moral y éticamente superiores, y que, al sentirse ofendidas, rompen el vínculo sin habilitar la posibilidad de alguna explicación o reparación. Deciden retirarse. No les interesa conservar la relación, les pesa más su orgullo y su verdad.
La pregunta es inevitable: ¿es tanto el dolor que sienten?
Heinz Kohut (1913–1981), fundador de la Psicología del Self, sentó las bases teóricas para comprender estructuras psíquicas que luego serían denominadas narcisismo vulnerable.
Desde la etimología, Narciso proviene del griego nārke, que significa entumecimiento, anestesia. De allí deriva también la palabra narcótico. Cabe entonces preguntarse si no estamos frente a una cierta insensibilidad hacia el otro, una dificultad para empatizar, como si el efecto narcótico impidiera registrar a un semejante.
¿Cuáles son los mecanismos psíquicos que predominan en estas personas y qué las lleva a actuar de este modo?
Se trata de sujetos con un yo frágil, que necesitan aprobación constante. Ponen a prueba los vínculos para sentirse valorados. Sostienen la relación en tanto perciban reconocimiento. Esperan atención permanente y un validación continua. En contextos sociales suelen hablar de sí mismos, de sus logros, habilidades o anécdotas, buscando impresionar. Son marcadamente autorreferenciales. Incluso cuando escuchan al otro, tienden a llevar el relato nuevamente hacía ellos.
Presentan una marcada hipersensibilidad al agravio. Están atentos a señales que, desde su lectura subjetiva, indicarían desinterés o desvalorización. Interpretan intenciones, vigilan conductas y juzgan qué se debe y qué no se debe hacer, siempre desde su propio código moral.
La amistad, para ellos, es cuantificable, favores, tiempo, intercambios. La ecuación es cuánto doy y cuánto recibo. Sin embargo, una amistad madura no se mide en términos cuantitativos, sino cualitativos. Lo central es la calidad del vínculo, no el balance de cuentas.
Subyace un miedo profundo a no importar, a quedar excluidos. Necesitan sentirse indispensables. Desde la Psicoterapia Cognitivo-Conductual se describe un pensamiento disfuncional llamado inferencia arbitraria, por ejemplo, cuando un amigo establece un vínculo con un tercero y esto es interpretado automáticamente como deslealtad.
Estas personas dan por sentado que los demás deberían saber lo que necesitan, sin que sea necesario pedirlo. Esperan ser ayudadas incluso sin solicitarlo. Conciben la amistad como un ejercicio de intuición y anticipación. Este modo suele tener raíces en experiencias tempranas, momentos en los que esperaron atención, comprensión, un llamado, un gesto, y nada de eso ocurrió. Vivencias de rechazo o desaprobación, muchas veces en el ámbito familiar.
La amistad con personas así se vuelve inestable. Nunca se sabe qué gesto será interpretado como ofensa. Uno se siente permanentemente evaluado. Viven en estado de examen, atentos a las conductas ajenas para confirmar si son queridos o rechazados. Este modo de vínculo es propio de una lógica infantil, opuesta a un vínculo adulto y explícito. En una relación madura, lo que se necesita se pide. No se examina al otro desde una posición de superioridad. No hay exclusión ni exclusividad. Las personas no compiten por ser elegidos como amigos.
Para el narcisista vulnerable, pedir ayuda activa creencias disfuncionales del tipo: “si necesito, no valgo” o “si tengo que pedir, no soy importante”. Esto incrementa la ansiedad y la vergüenza anticipada. La demanda queda inhibida y es reemplazada por expectativas implícitas y las lecturas personalizadas que hacen de la conducta ajena. Cuando el otro no responde espontáneamente, eso es vivido como rechazo o falta de afecto. El circuito se cierra con frustración y ahí llega la retirada del vínculo, sin posibilidad de confrontación ni reparación. El honor personal pesa más que la relación.
Si no hay una revisión interna, si no se trabajan las heridas tempranas que dieron origen a un yo frágil sostenido en la aprobación externa, estas personas repetirán vínculos marcados por la decepción, convencidos de que son los otros quienes “no saben querer”
A.D.M.
10-02-2026
Desde las conversaciones con los pacientes van surgiendo temas que generan un interés posiblemente porque se reiteran. Me intriga saber lo que está implícitamente en determinadas conductas, en episodios que se repiten en varias personas a raíz de iguales costumbres. Es común que expresen sentimientos de frustración que parten de la comparación con otras personas que mostrarían sus vidas públicamente. Es constante ver el tiempo y energía empleada en conductas nada saludables a lo largo del día.
En este escrito voy a desarrollar los aspectos psiconeurológicos que intervienen en el uso de las redes sociales, tales como aquellas en las que se expone la supuesta imagen. Me centraré en Instagram, solo porque sería aquella que hoy está siendo más utilizada por aquellas personas con las que suelo contactarme.
Comencemos por sus inicios. Sus creadores según he investigado lo que buscaron en un principio era solo que una persona pueda llegar a otras no con un texto sino con unas fotografías editables con filtros, que las otras personas que vieran el contenido supieran quién era quien lo publicaba. Detengámonos en ese punto ¿las personas que visitan el perfil ven quién es realmente el qué publicó esa foto? ¿O ven lo que el otro intenta mostrar? Ocultando el sentimiento real que subyace en ese momento, o la intención fehaciente de esa publicación. Se trata de la construcción de una identidad a partir de lo que se muestra.
Con el tiempo, el fin de la aplicación se desplazó al negocio publicitario. Y para ello fue necesario desarrollar mecanismos que hicieran que los usuarios permanezcan más tiempo frente al catálogo de ofertas comerciales que van desde productos, servicios, política, etc. Se orientó a mantener al usuario produciendo y consumiendo contenido.
No voy a hablar sobre una patología en sí misma. Sí hay patrones que se repiten.
El proceso de la exposición comienza con las acciones de buscar lo que se considera la mejor foto de todas las sacadas en ese momento, aquella que haya logrado la mejor exposición o con la que sea más fácil la edición. El lugar físico, el ambiente o el paisaje, es importante. Ese escenario que indique donde estoy o que señale el supuesto poder logrado, o estatus visible en lo arquitectónico o en el vehículo. También es considerado importante con quién estamos en esa fotografía. Quien eligió estar a nuestro lado y a quien se lo hemos permitido. Y para lograr aún más impresión se puede agregar a la imagen una frase, que hasta paradójicamente puede ser una supuesta enseñanza de vida. Con todo listo el proceso continúa cuando subimos la información, la foto y su comentario. Se revisa como se exhibe. Y ahí la dopamina se incrementa. La expectativa y gratificación por los corazoncitos o más por los comentarios es lo que sigue.
¿Qué sucede si la exposición, si el producto que subimos no logró lo que esperábamos? Si no logra la repercusión en los seguidores. Si no hay indicadores de aceptación o gusto. Ahí aparece el problema, se rompe el circuito de recompensa esperado, esperábamos esa dosis de dopamina por la validación social, esa dosis que anticipamos. Cuando no llegan las respuestas, ocurre un error de predicción donde nuestro cerebro se queda sin la gratificación que esperaba. Eso genera frustración y en algunos casos el impulso inquietante por volver a publicar, entonces aquello que pudo ser creativo pasa a ser una compulsión. Intensificando frases o exponiendo más fotos. Paradójicamente esto genera más rechazo. Para este momento hay una herida narcisista dado que no se encontró la respuesta esperada posterior a una exposición. Ahí sentimos que nos dejó sin un sostén externo. No hay un ajuste entre la imagen propia y la que se devuelve socialmente. O sea entre lo que creíamos que somos y la repercusión social obtenida.
En el uso intensivo de redes la imagen pública pasa a ocupar la figura dominante, o sea cómo me veo, cómo me perciben, qué impacto genero. Y en otro plano, en el fondo, lo sentido, lo ambiguo de lo emocional, quedando lo no resuelto como algo relegado. Privilegiándose lo expuesto por sobre lo vivido. Esto tiene como riesgo que la persona aprende a tomar mayor registro de la apariencia. Incorporando los ideales sociales del supuesto éxito, de lo que sería la belleza y la plenitud. Así se evita el contacto emocional, el cual se reemplaza por frases elaboradas y en una estética alejada de lo sentido real.
Citando a Fritz Perls (1893·1970) terapeuta Gestáltico, él advertía sobre el riesgo de vivir en representaciones en lugar de en experiencias. En este sentido Instagram facilita una “metavida” , la persona no solo vive algo, sino que simultáneamente se observa viviéndolo y pensando cómo mostrarlo. Esa autoobservación constante fragmenta el contacto inmediato con la vida misma.
Instagram fortalece excesivamente la función personalidad como máscara social en un franco detrimento de la espontaneidad y de la libre elección. Se actúa más para sostener una identidad que para expresar una experiencia real.
Desde una perspectiva Neurológica los “likes” funcionan como refuerzos intermitentes, liberan dopamina en el cerebro y construyen el hábito, como mencioné anteriormente, todo esto sucede en el circuito de recompensa mesolímbico. La participación de la corteza prefrontal medial se activa en el pensar y en la búsqueda de como mostrar “quién soy”. Otra área implicada es la amígdala que modula la sensibilidad a la evaluación social, la intensidad de la activación es en función a la aprobación que se produce con lo expuesto, o sea con el material elegido para mostrar.
Desde lo psicológico puedo agregar que la imagen que mostramos a través de la exposición se convierte en un sostén narcisista, no necesariamente narcisismo patológico; sí una autoestima dependiente del espejo social, que busca la validación y el sentido de pertenencia. Se elabora hacia afuera aquello que cuesta procesar internamente.
Con las fotos y las frases que las acompañan se daría un orden simbólico de la propia historia, dando la ilusión de un supuesto orden propio con un sentido a los cambios vitales.
Es preocupante el uso de redes sociales como Instagram, cuando hay una compulsión en la acción de mostrar que lleva a la necesidad de calmar una ansiedad. Hay alarma cuando está el desfasaje entre la vida real y el personaje mostrado.
Si nos podemos sostener sin publicar y no hay desorganización, entonces hay flexibilidad. Puede ser sano como forma de comunicar o simbolizar.
¿Lo que publicas lo haces desde el deseo y la presencia o desde la carencia y la evitación? Esa es la pregunta que invito a hacernos.
sábado, 3 de marzo de 2012
CONFIANZA
Lo que sigue a continuación intentara aportar alguna herramienta mas para algunos desacuerdos en las relaciones de pareja. Describe una sesión donde el paciente relata alguna situaciones vividas con su actual compañera. Y la manera desde donde llega a contactarse.
Luis, había convivido durante 30 años junto a la que hoy ya es su ex esposa, siempre intentando apagar las demandas, reclamos, no llego nunca. Es mas, ella siguiendo sus impulsos se fue con un compañero menor en edad que ella. En aquel entonces es cuando Luis habla con su hermano Cesar, sobre lo sucedido y este le sugiere que me llame para tener unas charlas. Había dejado de ver a Cesar después que pudo armonizar con su esposa, ambos habían aceptado el hecho de que ya no serian padres y podían nutrir sus propios mundos llevando a cabo sus deseos, sin perjudicar el que ambos compartian.
Dedicó unas sesiones a tratar de entender el porque de que su esposa se había ido y el motivo que la llevaba hacer las cosas que hacia con sus hijos y nietos.
Nos reencontramos con Luis después de sus vacaciones, es el primer paciente de los viernes. Era una mañana de verano con lluvia, temprano.
Sentí que era una nueva etapa y cerraba aquella de dolor y angustia en el camino del duelo.
Desde hacia unos meses Luis compartía momentos con Elisa. Ella, tendría unos 50 años, había enviudado hace unos diez años y de ahí en mas sus relaciones fueron como aquellas en las se genera una ilusión un plan y culminan en incertidumbres, broncas y dolor.
Comienza cantándome que habían algunas cosas de Elisa que no le gustaron en las vacaciones, mas preciso el ultimo día y cuando regresó de su descanso.
Le pregunte que sentía y me contó que se sentía controlado, y hubo momentos que cuestionado. Me relata “…recién nos habíamos sentado en una mesa para ordenar la cena y me preguntó porque era tan indeciso y porque no hablaba.” Continua “me puse mal, sentí como un puñal, mi ex me decía que no hablaba. Elisa me dijo que ese día en la playa me había dormido y no le hable. No, no, yo estaba bien, me relaje y me dormí escuchando música”
Hablamos sobre la diferencia entre la intención que tenia su ex cuando le decía que no hablaba, ella lo decía desacreditando su forma de expresarse, desvalorizándolo. Esto era diferente, aquí habría otro mensaje. Le pregunte si quería estar con Elisa, si sentía que la extrañaba, me responde, “si, la extraño. Pero siento molestia cuando me llama para preguntarme donde estoy”
Elisa tenia en su pasado relaciones que le han dejado desconcierto por la manera en que culminaban. Ella interpretaba los silencios de Luis como un posible descontento, incomodidad de él en relación a ella. Tendría asociado el hecho de hablar como expresión de aceptación. Situación, esta de los silencios, que le provocaba ansiedad y miedo. Al regresa de sus vacaciones Elisa sentiría culpa por la situación vivida en las vacaciones, por ello “controlaría” a Luis, no era un control, Elisa buscaba tranquilidad, buscaba saber si todo sería como ella creyó en un principio de la relación. Claro Luis sin conocer los miedos de su pareja, vivía la situación con fastidio. Y se retroalimentaría la ansiedad de su pareja , dado que el sonaba en el teléfono, ahora sí, apático, distante, por vivir la situación como una persecución.
Esta es una situación que suele darse, y culmina en distanciamiento, bronca.
La relación que mantienen Luis y Elisa recién esta comenzando, al igual que cualquier otra relación necesita de un periodo de tiempo para que uno y otro se conozca, se confíen. En ese conocer esta el hecho de escuchar que esta diciendo nuestro compañera/o. Que dice realmente detrás de esas palabras, “estas callado”, “donde estas?”, “te pasa algo”, “cuando venís?” etc. Que le esta sucediendo, cuales son sus miedo, cuales son la situaciones que le provocan sentimientos desagradables. Historia por la cual pasaron las parejas mencionadas en la introducción.
La confianza es un sentimiento, como cualquier otro sentimiento, angustia, entusiasmo, convencimiento, miedo, alegría, etc, uno mismo no tiene el control para sentirlo o dejar de sentirlo, es involuntario pondríamos decir. La confianza solo podría surgir a partir de un acto, la honradez. Actuar de manera honrada. Esta seria la posibilidad que en una pareja emerja la confianza.
Lic. Monteperto Alejandro D.
Psicólogo
Luis, había convivido durante 30 años junto a la que hoy ya es su ex esposa, siempre intentando apagar las demandas, reclamos, no llego nunca. Es mas, ella siguiendo sus impulsos se fue con un compañero menor en edad que ella. En aquel entonces es cuando Luis habla con su hermano Cesar, sobre lo sucedido y este le sugiere que me llame para tener unas charlas. Había dejado de ver a Cesar después que pudo armonizar con su esposa, ambos habían aceptado el hecho de que ya no serian padres y podían nutrir sus propios mundos llevando a cabo sus deseos, sin perjudicar el que ambos compartian.
Dedicó unas sesiones a tratar de entender el porque de que su esposa se había ido y el motivo que la llevaba hacer las cosas que hacia con sus hijos y nietos.
Nos reencontramos con Luis después de sus vacaciones, es el primer paciente de los viernes. Era una mañana de verano con lluvia, temprano.
Sentí que era una nueva etapa y cerraba aquella de dolor y angustia en el camino del duelo.
Desde hacia unos meses Luis compartía momentos con Elisa. Ella, tendría unos 50 años, había enviudado hace unos diez años y de ahí en mas sus relaciones fueron como aquellas en las se genera una ilusión un plan y culminan en incertidumbres, broncas y dolor.
Comienza cantándome que habían algunas cosas de Elisa que no le gustaron en las vacaciones, mas preciso el ultimo día y cuando regresó de su descanso.
Le pregunte que sentía y me contó que se sentía controlado, y hubo momentos que cuestionado. Me relata “…recién nos habíamos sentado en una mesa para ordenar la cena y me preguntó porque era tan indeciso y porque no hablaba.” Continua “me puse mal, sentí como un puñal, mi ex me decía que no hablaba. Elisa me dijo que ese día en la playa me había dormido y no le hable. No, no, yo estaba bien, me relaje y me dormí escuchando música”
Hablamos sobre la diferencia entre la intención que tenia su ex cuando le decía que no hablaba, ella lo decía desacreditando su forma de expresarse, desvalorizándolo. Esto era diferente, aquí habría otro mensaje. Le pregunte si quería estar con Elisa, si sentía que la extrañaba, me responde, “si, la extraño. Pero siento molestia cuando me llama para preguntarme donde estoy”
Elisa tenia en su pasado relaciones que le han dejado desconcierto por la manera en que culminaban. Ella interpretaba los silencios de Luis como un posible descontento, incomodidad de él en relación a ella. Tendría asociado el hecho de hablar como expresión de aceptación. Situación, esta de los silencios, que le provocaba ansiedad y miedo. Al regresa de sus vacaciones Elisa sentiría culpa por la situación vivida en las vacaciones, por ello “controlaría” a Luis, no era un control, Elisa buscaba tranquilidad, buscaba saber si todo sería como ella creyó en un principio de la relación. Claro Luis sin conocer los miedos de su pareja, vivía la situación con fastidio. Y se retroalimentaría la ansiedad de su pareja , dado que el sonaba en el teléfono, ahora sí, apático, distante, por vivir la situación como una persecución.
Esta es una situación que suele darse, y culmina en distanciamiento, bronca.
La relación que mantienen Luis y Elisa recién esta comenzando, al igual que cualquier otra relación necesita de un periodo de tiempo para que uno y otro se conozca, se confíen. En ese conocer esta el hecho de escuchar que esta diciendo nuestro compañera/o. Que dice realmente detrás de esas palabras, “estas callado”, “donde estas?”, “te pasa algo”, “cuando venís?” etc. Que le esta sucediendo, cuales son sus miedo, cuales son la situaciones que le provocan sentimientos desagradables. Historia por la cual pasaron las parejas mencionadas en la introducción.
La confianza es un sentimiento, como cualquier otro sentimiento, angustia, entusiasmo, convencimiento, miedo, alegría, etc, uno mismo no tiene el control para sentirlo o dejar de sentirlo, es involuntario pondríamos decir. La confianza solo podría surgir a partir de un acto, la honradez. Actuar de manera honrada. Esta seria la posibilidad que en una pareja emerja la confianza.
Lic. Monteperto Alejandro D.
Psicólogo
domingo, 29 de enero de 2012
Ultimo día
Organice papeles, mire la agenda, y sonó el timbre.
Lo que sigue a continuación es una descripción resumida de diferentes situaciones, sucesos, expresiones de algunos de los pacientes vistos en una misma jornada. La intención es mostrar, describir sentimientos, vivencias, en las que talvez aquellos que se sientan identificados puedan encontrar una solución, o un alivio al saber que su problema no es único. Tengo también como intención describir como es en parte la dinámica de una terapia. Al menos algunos aspectos de la misma.
Los nombres y datos fueron cambiados para preservar la intimidad de las personas.
Nora llego siendo la primer paciente del día; 50 años, viuda, con conflictos en sus relaciones laborales. Y en un proceso del duelo por la muerte de su mamá.
Me cuenta sobre el dolor que le provoca el maltrato de su jefa, “me dice inútil, que me vaya a atender un kiosco, me angustia muchísimo, no puedo renunciar…”
Nora me ha hablado sobre las situaciones que tubo que convivir similares de descalificaciones a lo largo de su vida, primero su papá y luego su ex esposo; lo que ella no había descubierto que en cierta manera, desde un lugar diferente su mamá también no la consideraba capaz, sobreprotegiéndola, resolviendo situaciones por ella. Mientras seguía contándome recordaba una sesión pasada en la que me contó la siguiente situación “todo se me rompe, se me cae” y le respondí que tal vez querría hacer mucho y todo junto, continua diciendo, “buscaba un suéter y vi que estaba tirado detrás del televisor, no quise correr el televisor y me estire para tomarlo, no llegaba…“ continuó su relato y en su voz se notaba enojo “…me decía a mi misma constantemente se te va a caer la televisión… y sabes? se rompió, se calló y se rompió“. Le pregunte que hubiese pasado si ese televisor no se hubiese caído?
Muchas veces nos ponemos a prueba de manera inconciente para intentar cambiar un sentimiento, una creencia impuesta hace tiempo en nuestra historia personal, cosas que han formado un autoconcepto. Si Nora hubiese tomado su suéter sin que se cayera el TV, si lo hubiese logrado haciéndolo de la manera mas complicada, talvez sólo por un momento se hubiese sentido muy capaz, con la idea de que ella si puede, pero como dije eso dura un momento y luego aparece nuevamente esa creencia a regirnos y nosotros a ponernos a prueba con situaciones difíciles y complicadas.
La siguiente visita, Hernán, con el hablamos sobre la relación con su esposa, suelen pasar varias semanas y no se encuentran en la intimidad, él quiere mantener relaciones, la busca pero encuentra el desgano y desprecio de su pareja; me cuenta “…dice que esta cansada, que los chicos le demandan mucho tiempo, y yo le digo que venga a trabar como lo hago yo y va a ver que desgastante que es que todo el día la gente te este maltratando, el transito…”. Siento que cuando comenzamos a comparar creyendo que lo nuestro es lo mejor o como para este caso que uno es el más hace, más trabaja, las heridas son mas profundas, el enojo mas intenso, provocando que se defienda de esta desvalorización.
Le hago saber que talvez su esposa continua con un enojo o rencor que no logra disolverse y por ello no quiere mantener relaciones con él. Acordamos que podría probar de otra manera, evitando o tratando de evitar que su esposa tome una posición defensiva. Una manera es considerar, escuchar lo que nos estarían diciendo, saber sobre las necesidades de la pareja, concientizandonos de que somos diferentes y sentimos diferente.
Hernán sigue diciéndome que en esos momentos se siente como era su papá con él mismo, este padre lo criticaba, menospreciaba, y hacia comentarios muy hirientes sobre la mamá de Hernán; “lo que no se elabora se repite”. Todo aquello que hayamos vivido como situaciones traumáticas, aquellas que nos hayan dolido, aquello de lo que más nos quejamos en las relaciones con nuestros padres, solemos repetirlas con nuestros hijos, parejas, etc. De las diferentes maneras, criticándolos, exigiéndoles, o através de insultarlos, demandarles; estas y otras pueden derivar de algunas de las acciones vividas en nuestras infancia, adolescencia y que no hayamos podido elaborar y cerrar. Para el caso de Hernán este será un tema a trabajar en fututos encuentros.
Con la siguiente paciente el tema que trajo para conversar tuvo relación con lo hablado con Hernán.
Daniela, angustiada me decía reconociendo la situación, como trasladaba a su hijo de 6 años aquellos miedos recibidos de su mamá, quien también los había tomados de la abuela de Daniela. Sí, los miedos los recibimos como otras conductas mencionadas y no solo los trasladamos sino que conservamos una gran parte de ellos en nuestras vivencias. Al contarle esto a Daniela asoció que también en momentos se veía como su propio padre regañándole y exigiéndole a su hijo, como su él lo hacia también con ella.
Continua describiendo como había sido en diferentes momentos desvalorizada por él. Hablamos sobre que es habitual desvalorizar a los otros cuando uno sufre un complejo de inferioridad, es el mecanismo defensivo que se encuentra para de este modo disminuyendo al otro poder “subir” uno, creerse mejor a los otros.
Daniela vive en la situación de crisis dado que debe decidir renunciar a un empleo en el cual no se siente a gusto. Pero sus miedos o la falta de enfrentar nuevos caminos la angustian al punto de sentir la presión en su pecho. Daniela, coraje no es hacer, enfrentar sin miedo, sino por el contrario enfrentar, decidir, hacer a pesar de sentir miedo.
El tema de los miedos también tiene relación con la siguiente paciente. Para Silvina, seria su ultimo encuentro, hace unos seis meses decidió regresar a su espacio terapéutico, dado que había retomado sus estudios secundarios y se encontraba ya a punto de culminarlos. Se veía frente a una situación de buscar un empleo o estudiar, o ambas cosas. Recuerdo en aquel momento cuando nos encontramos después de unos años sin vernos, me decía “quiero estudiar una carrera corta y después conseguir un empleo y ahí si ponerme a estudiar psicología, hacerla despacio, tranquila”. Claro tenia que ver con un sentimiento de incapacidad, culpa y con una errónea creencia de que los emprendimientos deben ser realizados sin miedos.
Silvina no lograba superar, ni sobreponerse a un sentimiento de culpa que la invadía por haber dejado sus estudios secundarios cuando tenia 17 años y mencionaba el tiempo perdido. Trabajamos de manera regresiva tratando de volver a experimentar aquellos sentimientos vividos en los momentos que había desistido de darle importancia al colegio. Pudo darse cuenta y asumir lo sucedido, que en aquella etapa tenía otras prioridades y eligió seguirlas. Logro reconciliarse y así la culpa se fue disolviendo. El darse cuenta se origino con el hecho de ver y relacionarse con los sentimientos de incapacidad que le imposibilitaban decidir. Hoy esta inscripta para comenzar a estudiar aquello que deseo, una carrera universitaria.
Nuestros miedos suelen ser proporcionales en intensidad a aquello que deseamos, aquello que más nos gustaría. Pensemos, lo que mas le tememos seria lo que más satisfacción nos traería concretarlo, empezarlo, etc.
Cuál sería el deseo oculto de Delia, 42 años, pareja de Carlos, 10 años menor. Llego al consultorio en el pasado mes de septiembre. Recuerdo el primer encuentro, llego acompañada de Carlos quien me pregunto si el también podía entrar, situación que no es habitual a menos que se trate de una terapia familiar o de pareja. Delia, no había podido tener hijos, la situación laboral también era algo que vivía con incomodidad, recientemente había sido nombrada encargada de un sector de 20 empleados. La situación era difícil le costaba delegar funciones o poner y hacer respetar limites, muchas veces se encontraba realizando tareas que no le correspondían. Obviamente esta situación era un reflejo de lo que también le sucedía en otros ámbitos; una semana atrás le consulte entonces que le sucedía por ejemplo en su relación de pareja. También le era difícil expresar limites y así concretar sus deseos. Conseguir espacios en los cuales pueda desenvolverse sola. Con Carlos compartían además el tiempo dentro de la empresa dado que trabajaban juntos. Delia temía que él se enojara, tomara a mal su voluntad de desarrollar su individualidad que sintiera que se tratara de falta de amor o algo personal. Su dolor, angustia tenían origen además en estas situaciones. Cuando no somos honrados en lo que sentimos, formaríamos un personaje que no somos, un personaje que tiene como intención provocar o evitar en el otro sentimientos o reacciones. Condicionamos nuestras acciones pendientes a esperar determinadas otras en la otra persona. Perdemos libertad y fluidez. En aquella sesión planeamos un encuentro con su pareja para esta semana, así hablaríamos de esto. Carlos no pudo. Fue la primera vez que Delia concurrió sola al consultorio. Se la vio distendida, había planeado salir antes de su casa para dar un paseo viendo vidrieras antes del horario de la sesión.
Note a partir de la experiencia de mi trabajo, que a veces creemos que hay sentimientos, emociones que nos aquejan y que parecería que para cambiarlas deberíamos hacer grandes cambios o excesivos esfuerzos, y no es así, en ocasiones con pequeños cambios, y en cosas sencillas se puede lograr una armonía interior.
Pedro, arquitecto, 3 hijos, exigente y obsesivo en su trabajo, en su persona, en general. Esa mañana había escuchado una canción en la radio que lo había emocionado, cuando me lo contó, busque el tema en Internet y se me dio por reproducirla, la escuchamos, volvió a emocionarse hasta llorar, no sólo era el contenido de la letra de la canción, que habla sobre una persona encerrada en un hospital psiquiátrico, sino que esto tenia relación con una época que él añoraba, una etapa donde no había “encierro”, donde hacia lo que le gustaba. Después de esta reflexión le pregunte “Cuanto hace que no trasgredís? Cuanto hace que no te escuchas y actúas en consecuencia, siendo honrado con vos mismo”
Sorprendido me contesto que hacia mucho. No estaba pudiendo escucharse.
Si en vez de decirnos nos escuchamos, yo siento que los resultados serian otros. Escúchate. No cuando hablas, no me refiero a eso, ni tampoco a un pensamiento, sino aquello que aparece desde lo mas profundo nuestro, el Deseo, lo que queremos. No lo que tenemos que hacer, sino lo que deseamos.-
Lic. Monteperto Alejandro
Psicólogo
Lo que sigue a continuación es una descripción resumida de diferentes situaciones, sucesos, expresiones de algunos de los pacientes vistos en una misma jornada. La intención es mostrar, describir sentimientos, vivencias, en las que talvez aquellos que se sientan identificados puedan encontrar una solución, o un alivio al saber que su problema no es único. Tengo también como intención describir como es en parte la dinámica de una terapia. Al menos algunos aspectos de la misma.
Los nombres y datos fueron cambiados para preservar la intimidad de las personas.
Nora llego siendo la primer paciente del día; 50 años, viuda, con conflictos en sus relaciones laborales. Y en un proceso del duelo por la muerte de su mamá.
Me cuenta sobre el dolor que le provoca el maltrato de su jefa, “me dice inútil, que me vaya a atender un kiosco, me angustia muchísimo, no puedo renunciar…”
Nora me ha hablado sobre las situaciones que tubo que convivir similares de descalificaciones a lo largo de su vida, primero su papá y luego su ex esposo; lo que ella no había descubierto que en cierta manera, desde un lugar diferente su mamá también no la consideraba capaz, sobreprotegiéndola, resolviendo situaciones por ella. Mientras seguía contándome recordaba una sesión pasada en la que me contó la siguiente situación “todo se me rompe, se me cae” y le respondí que tal vez querría hacer mucho y todo junto, continua diciendo, “buscaba un suéter y vi que estaba tirado detrás del televisor, no quise correr el televisor y me estire para tomarlo, no llegaba…“ continuó su relato y en su voz se notaba enojo “…me decía a mi misma constantemente se te va a caer la televisión… y sabes? se rompió, se calló y se rompió“. Le pregunte que hubiese pasado si ese televisor no se hubiese caído?
Muchas veces nos ponemos a prueba de manera inconciente para intentar cambiar un sentimiento, una creencia impuesta hace tiempo en nuestra historia personal, cosas que han formado un autoconcepto. Si Nora hubiese tomado su suéter sin que se cayera el TV, si lo hubiese logrado haciéndolo de la manera mas complicada, talvez sólo por un momento se hubiese sentido muy capaz, con la idea de que ella si puede, pero como dije eso dura un momento y luego aparece nuevamente esa creencia a regirnos y nosotros a ponernos a prueba con situaciones difíciles y complicadas.
La siguiente visita, Hernán, con el hablamos sobre la relación con su esposa, suelen pasar varias semanas y no se encuentran en la intimidad, él quiere mantener relaciones, la busca pero encuentra el desgano y desprecio de su pareja; me cuenta “…dice que esta cansada, que los chicos le demandan mucho tiempo, y yo le digo que venga a trabar como lo hago yo y va a ver que desgastante que es que todo el día la gente te este maltratando, el transito…”. Siento que cuando comenzamos a comparar creyendo que lo nuestro es lo mejor o como para este caso que uno es el más hace, más trabaja, las heridas son mas profundas, el enojo mas intenso, provocando que se defienda de esta desvalorización.
Le hago saber que talvez su esposa continua con un enojo o rencor que no logra disolverse y por ello no quiere mantener relaciones con él. Acordamos que podría probar de otra manera, evitando o tratando de evitar que su esposa tome una posición defensiva. Una manera es considerar, escuchar lo que nos estarían diciendo, saber sobre las necesidades de la pareja, concientizandonos de que somos diferentes y sentimos diferente.
Hernán sigue diciéndome que en esos momentos se siente como era su papá con él mismo, este padre lo criticaba, menospreciaba, y hacia comentarios muy hirientes sobre la mamá de Hernán; “lo que no se elabora se repite”. Todo aquello que hayamos vivido como situaciones traumáticas, aquellas que nos hayan dolido, aquello de lo que más nos quejamos en las relaciones con nuestros padres, solemos repetirlas con nuestros hijos, parejas, etc. De las diferentes maneras, criticándolos, exigiéndoles, o através de insultarlos, demandarles; estas y otras pueden derivar de algunas de las acciones vividas en nuestras infancia, adolescencia y que no hayamos podido elaborar y cerrar. Para el caso de Hernán este será un tema a trabajar en fututos encuentros.
Con la siguiente paciente el tema que trajo para conversar tuvo relación con lo hablado con Hernán.
Daniela, angustiada me decía reconociendo la situación, como trasladaba a su hijo de 6 años aquellos miedos recibidos de su mamá, quien también los había tomados de la abuela de Daniela. Sí, los miedos los recibimos como otras conductas mencionadas y no solo los trasladamos sino que conservamos una gran parte de ellos en nuestras vivencias. Al contarle esto a Daniela asoció que también en momentos se veía como su propio padre regañándole y exigiéndole a su hijo, como su él lo hacia también con ella.
Continua describiendo como había sido en diferentes momentos desvalorizada por él. Hablamos sobre que es habitual desvalorizar a los otros cuando uno sufre un complejo de inferioridad, es el mecanismo defensivo que se encuentra para de este modo disminuyendo al otro poder “subir” uno, creerse mejor a los otros.
Daniela vive en la situación de crisis dado que debe decidir renunciar a un empleo en el cual no se siente a gusto. Pero sus miedos o la falta de enfrentar nuevos caminos la angustian al punto de sentir la presión en su pecho. Daniela, coraje no es hacer, enfrentar sin miedo, sino por el contrario enfrentar, decidir, hacer a pesar de sentir miedo.
El tema de los miedos también tiene relación con la siguiente paciente. Para Silvina, seria su ultimo encuentro, hace unos seis meses decidió regresar a su espacio terapéutico, dado que había retomado sus estudios secundarios y se encontraba ya a punto de culminarlos. Se veía frente a una situación de buscar un empleo o estudiar, o ambas cosas. Recuerdo en aquel momento cuando nos encontramos después de unos años sin vernos, me decía “quiero estudiar una carrera corta y después conseguir un empleo y ahí si ponerme a estudiar psicología, hacerla despacio, tranquila”. Claro tenia que ver con un sentimiento de incapacidad, culpa y con una errónea creencia de que los emprendimientos deben ser realizados sin miedos.
Silvina no lograba superar, ni sobreponerse a un sentimiento de culpa que la invadía por haber dejado sus estudios secundarios cuando tenia 17 años y mencionaba el tiempo perdido. Trabajamos de manera regresiva tratando de volver a experimentar aquellos sentimientos vividos en los momentos que había desistido de darle importancia al colegio. Pudo darse cuenta y asumir lo sucedido, que en aquella etapa tenía otras prioridades y eligió seguirlas. Logro reconciliarse y así la culpa se fue disolviendo. El darse cuenta se origino con el hecho de ver y relacionarse con los sentimientos de incapacidad que le imposibilitaban decidir. Hoy esta inscripta para comenzar a estudiar aquello que deseo, una carrera universitaria.
Nuestros miedos suelen ser proporcionales en intensidad a aquello que deseamos, aquello que más nos gustaría. Pensemos, lo que mas le tememos seria lo que más satisfacción nos traería concretarlo, empezarlo, etc.
Cuál sería el deseo oculto de Delia, 42 años, pareja de Carlos, 10 años menor. Llego al consultorio en el pasado mes de septiembre. Recuerdo el primer encuentro, llego acompañada de Carlos quien me pregunto si el también podía entrar, situación que no es habitual a menos que se trate de una terapia familiar o de pareja. Delia, no había podido tener hijos, la situación laboral también era algo que vivía con incomodidad, recientemente había sido nombrada encargada de un sector de 20 empleados. La situación era difícil le costaba delegar funciones o poner y hacer respetar limites, muchas veces se encontraba realizando tareas que no le correspondían. Obviamente esta situación era un reflejo de lo que también le sucedía en otros ámbitos; una semana atrás le consulte entonces que le sucedía por ejemplo en su relación de pareja. También le era difícil expresar limites y así concretar sus deseos. Conseguir espacios en los cuales pueda desenvolverse sola. Con Carlos compartían además el tiempo dentro de la empresa dado que trabajaban juntos. Delia temía que él se enojara, tomara a mal su voluntad de desarrollar su individualidad que sintiera que se tratara de falta de amor o algo personal. Su dolor, angustia tenían origen además en estas situaciones. Cuando no somos honrados en lo que sentimos, formaríamos un personaje que no somos, un personaje que tiene como intención provocar o evitar en el otro sentimientos o reacciones. Condicionamos nuestras acciones pendientes a esperar determinadas otras en la otra persona. Perdemos libertad y fluidez. En aquella sesión planeamos un encuentro con su pareja para esta semana, así hablaríamos de esto. Carlos no pudo. Fue la primera vez que Delia concurrió sola al consultorio. Se la vio distendida, había planeado salir antes de su casa para dar un paseo viendo vidrieras antes del horario de la sesión.
Note a partir de la experiencia de mi trabajo, que a veces creemos que hay sentimientos, emociones que nos aquejan y que parecería que para cambiarlas deberíamos hacer grandes cambios o excesivos esfuerzos, y no es así, en ocasiones con pequeños cambios, y en cosas sencillas se puede lograr una armonía interior.
Pedro, arquitecto, 3 hijos, exigente y obsesivo en su trabajo, en su persona, en general. Esa mañana había escuchado una canción en la radio que lo había emocionado, cuando me lo contó, busque el tema en Internet y se me dio por reproducirla, la escuchamos, volvió a emocionarse hasta llorar, no sólo era el contenido de la letra de la canción, que habla sobre una persona encerrada en un hospital psiquiátrico, sino que esto tenia relación con una época que él añoraba, una etapa donde no había “encierro”, donde hacia lo que le gustaba. Después de esta reflexión le pregunte “Cuanto hace que no trasgredís? Cuanto hace que no te escuchas y actúas en consecuencia, siendo honrado con vos mismo”
Sorprendido me contesto que hacia mucho. No estaba pudiendo escucharse.
Si en vez de decirnos nos escuchamos, yo siento que los resultados serian otros. Escúchate. No cuando hablas, no me refiero a eso, ni tampoco a un pensamiento, sino aquello que aparece desde lo mas profundo nuestro, el Deseo, lo que queremos. No lo que tenemos que hacer, sino lo que deseamos.-
Lic. Monteperto Alejandro
Psicólogo
domingo, 22 de mayo de 2011
CAMBIAR
Una posibilidad de cambio existe, es lo que nos guía al crecimiento. ¿Cómo llevarlo acabo? Hemos recibido una influencia sociocultural que nos deja como mensaje intentar cambiar a partir de destruir lo que no nos gusta, o no nos hace bien. En estas conductas existe la negación, el rechazo, dando lugar en nuestro interior a emociones de enojo y frustración. Todo pasa a ser como lo imposible, nos decimos “no puedo“ o “yo soy así y no me sale“. Y al tiempo de nuevo… volvemos a encontrarnos en la misma situación que antes no quisimos estar, la situación que deja ese sentimiento de desesperación, angustia.
Para modificar una conducta, una imagen, nuestra imagen corporal, un comportamiento, la posibilidad de decir “no” sin sentimientos de culpa posteriores… debe hacerse desde el AMOR, primero aceptando, conociendo y no negando aquello a cambiar. Y luego sabiendo que el miedo no debe ser eliminado sino que su función de paralizarnos se puede cambiar por la de guiarnos en el sentido que nos permita crecer.
Para modificar una conducta, una imagen, nuestra imagen corporal, un comportamiento, la posibilidad de decir “no” sin sentimientos de culpa posteriores… debe hacerse desde el AMOR, primero aceptando, conociendo y no negando aquello a cambiar. Y luego sabiendo que el miedo no debe ser eliminado sino que su función de paralizarnos se puede cambiar por la de guiarnos en el sentido que nos permita crecer.
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