jueves, 19 de marzo de 2026

La libertad frente al deseo Las decisiones de la vida no siempre pueden ir alineadas a los mandatos evolutivos. El deseo puede ir en una dirección en contra a los valores propios o de la comunidad a la que pertenecemos. La biología puede avalar lo que la conciencia no. Desde la lógica evolutiva, el comportamiento está orientado a sostener la supervivencia y la reproducción. Por consiguiente genera una tensión entre la biología, el deseo y la regulación simbólica, o sea los valores. El ser humano no solo vive en el plano biológico. Desarrolló una conciencia dando la aparición a valores y normas sociales. Esto da lugar a otro plano que oficia en la regulación de la convivencia. En ese plano hablamos del límite, la elección y la responsabilidad. No todo lo que se deseamos es legítimo pese a que tenga una base biológica. Eso que deseamos no desaparece de nosotros por el hecho de ser ilegítimo, sino que persiste e insiste. Si se lo intenta anular entonces reaparece como un síntoma por lo que nace un conflicto interno, que puede aun agravarse por el sentimiento de culpa que suele ser más rígido que el valor que se intenta defender. El trabajo es reconocerlo sin negarlo, entendiendo la raíz y decidir qué hacer con eso en función a los propios valores, no solo de mandatos externos. Nuestra libertad no reside en no tener impulsos sino en no estar gobernado por ellos.

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