martes, 17 de marzo de 2026
Empatía
Me inquietó desde mi rol en las charlas con personas una vinculación entre su bienestar y las acciones que estos sostenían con otras personas en posible posición de desventaja. Así mismo observe lo opuesto, aquellas personas que su enojo los desbordaba, los dolores físicos los perseguían, las quejas se repetían contantemente. Los mismos que permanecían en vivencias de insatisfacciones suscitadas y estados vindicativos o en búsquedas de reconocimiento a cualquier precio. En estos últimos era común que no lograran ver a los otros con compasión, que no es lastima, no es una posición de jerarquías, donde uno está por encima del otro sintiendo lastima, sino una comprensión del sufrimiento ajeno.
Entonces revisé, leí, empecé a repasar y estar más atento a esto. Sentí encontrar una solución, quiero hablar sobre lo que yo considero un remedio, un modo, un camino. Una sanación es posible, trabajar sobre nuestra posibilidad de empatizar y lograr ser caritativos.
Pero para llegar a la empatía y luego a la acción de caridad, primero me gustaría hablar de la atención, ¿de qué trata esta función psíquica?
Las áreas del cerebro involucradas en la atención son la Corteza Prefrontal, el sistema reticular activador ascendente (SRAA), este está conformado por una amplia red de neuronas que se extiende desde la base del cerebro y asciende hacia la corteza cerebral. Esto nos permite estar en alerta y conscientes. Los neurotransmisores que habitan el SRAA son la dopamina, noradrenalina y serotonina. Estos neurotransmisores hacen que nos podamos mantener atentos y en alerta.
Bien, pero esta función psicología, la atención, no solo nos sirve para estar en alerta, sino que también cumple con posibilitarnos la concentración, focalizarnos en algo, dirigir nuestra mirada hacia algo en particular, dirigir y sostener sobre algo o alguien. Nazareth Casstellanos, científica y divulgadora, hizo una definición que me pareció muy apropiada para vincular la función de la atención con lo que realmente es mi motivo de este escrito, la empatía caridad. Ella dice que atender es desatender. Claro, ahí me di cuenta. A qué estamos atendiendo, o en qué nos estamos concentrando que no logramos la empatía. Por lo que no logramos concentrarnos en el otro.
Tomemos como una primera y básica definición que la empatía es ponerse en el lugar del otro comprendiendo lo que le sucedería.
Acá aparece un elemento más, El ego. ¿Cómo jugaría en todo esto? El ego no es malo, siempre y cuando no nos olvidemos que es solo una estructura funcional que entre otras cosas nos sirve para percibir, evaluar la realidad, tomar decisiones consientes, contener nuestros impulsos. Una funcionalidad y no una esencia. El ego se vuelve en nuestra contra cuando nos identificamos con la imagen que creemos ser, pero que solo creemos, no con lo que esencialmente somos.
Desde la filosofía gestáltica, se diría que el ego es una construcción necesaria para funcionar, pero que debe ser transparente, dice es un instrumento, no un amo, muchos somos dominados por él. Y es en ese momento cuando nos alejamos de lo más puro y saludable. Cuando la atención se libera del ego como centro, utilizando por ejemplo la práctica de la atención plena o la presencia empática, es ahí donde emerge una forma más profunda de empatía, porque se percibe al otro sin filtros egocéntricos.
Cuando el Ego se rigidiza o se sobredimensiona, busca defender su identidad constantemente. Surgen mecanismos de defensa como la proyección, el juicio o la comparación, en ese estado la atención se vuelve autorreferencial, nos centramos en nuestra propia imagen buscando, necesitando tener razón o queriendo ser validados. La empatía disminuye, porque el otro se percibe como una amenaza o un espejo que pone en evidencia lo que el ego no tolera ver.
Carl J. Jung definió La Sombra, como aquella actividad inconsciente que ve en el afuera aspectos inconscientes, negados, reprimidos, rechazados socialmente, o por uno mismo. Lo oscuro que solo pueden verse reflejado en los demás. Una proyección de lo negado internamente.
Entonces es necesaria una acción que involucre desconcentrarse para lograr atención y así empatizar. Dejar de mirarnos a nosotros mismos.
Viktor Frankl (1905–1997) psicólogo, creador de la Logo Terapia. Sostuvo que la caridad y la empatía no son meros actos morales, sino expresiones del sentido de una propia existencia del ser humano. Mencionó que el hombre encuentra significado a la vida al vincularse amorosamente con el otro.
Hubo un experimento de la Universidad de California, en Los Ángeles, en el año 2000 y que dio unas publicaciones en el 2005 y 2010, este se centró en cómo el voluntariado y los actos altruistas impactan en la salud mental y emocional. El grupo de participantes comprometidos comenzaron a hacer voluntariados en refugios, comedores comunitarios y apoyo a personas en situaciones de vulnerabilidad.
Los resultados revelaron que quienes participaban en estas actividades experimentaban un aumento significativo en su bienestar general, una mayor satisfacción con la vida. Esto se interpretó como un efecto positivo de la empatía y la conexión social, ya que, al ayudar a otros, se fortalece el sentido de propósito y la conexión con la comunidad. Provocando también una reducción de los niveles de estrés y ansiedad. El estrés es una función necesaria para supervivencia, pero cuando lo estamos viviendo de forma crónica, o sea de manera constante, sumergidos en pensamientos rumiantes, en sucesivos conflictos vinculares, preocupaciones de diferente tipo. Ante esto los reguladores de cortisol se sobrecargan y se dificulta su nivelación. Las glándulas suprarrenales liberan por todo el torrente sanguíneo cortisol y nuestro sistema nervioso adrenalina y noradrenalina, situación que perduraría por durante aproximadamente noventa minutos en nuestro cuerpo. Con esto el sistema inmune se ve afectado. Aparece la ansiedad involucrando y afectando áreas cognitivas, ejemplo memoria. Generando tiempos de Insomnio y fatiga. El cortisol liberado a partir de la situación de estrés empieza a generar efectos metabólicos como un aumento del apetito y acumulación de grasa abdominal.
De los resultados también se obtuvo que los efectos positivos obtenidos después de esas actividades no solo eran temporales, sino que se mantenían a largo plazo, lo que sugiere un beneficio sostenido en el tiempo de la salud mental.
Encontré varios estudios similares al de la Universidad de California.
En 2013 otro estudio en la Universidad de Harvard mostraba como las áreas del cerebro relacionadas con la recompensa (sensación de bienestar) y la empatía se activaban mostrando un incremento en su actividad.
En la Universidad de Stanford en 2018 se concluyó después del análisis de las experiencias realizadas que la resiliencia y la percepción de un bienestar general eran presentes en aquellos que habían ejercido la caridad. La resiliencia es la capacidad que podemos tener para adaptarnos y salir de manera fortalecida ante la adversidad. Todo da evidencia solida que la actividad altruista, voluntariosa, empática, la caridad no solo benefician al que la recibe, sino que también al que la ejerce. No nos evita el sufrimiento nos ayuda a percibirlo como una posibilidad de cambio y transformación.
El ejercicio de la empatía, pero esta no como un ideal abstracto, sino un modo de estar en el mundo, conectados con el que está al lado, o un poco mas allá, reeduca nuestro sistema nervioso y alimenta el corazón.
Ya cerrando, no quiero dejar afuera lo que para mí como definición de Amor encontré más acorde en las charlas diarias. Una cantidad de interés por el bienestar del otro, más allá que ese bienestar no tenga que ver con nosotros mismos. Amor, regocijo en el bienestar del mudo.
28 del octubre 2025.
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