domingo, 29 de enero de 2012

Ultimo día

Organice papeles, mire la agenda, y sonó el timbre.
Lo que sigue a continuación es una descripción resumida de diferentes situaciones, sucesos, expresiones de algunos de los pacientes vistos en una misma jornada. La intención es mostrar, describir sentimientos, vivencias, en las que talvez aquellos que se sientan identificados puedan encontrar una solución, o un alivio al saber que su problema no es único. Tengo también como intención describir como es en parte la dinámica de una terapia. Al menos algunos aspectos de la misma.
Los nombres y datos fueron cambiados para preservar la intimidad de las personas.
Nora llego siendo la primer paciente del día; 50 años, viuda, con conflictos en sus relaciones laborales. Y en un proceso del duelo por la muerte de su mamá.
Me cuenta sobre el dolor que le provoca el maltrato de su jefa, “me dice inútil, que me vaya a atender un kiosco, me angustia muchísimo, no puedo renunciar…”
Nora me ha hablado sobre las situaciones que tubo que convivir similares de descalificaciones a lo largo de su vida, primero su papá y luego su ex esposo; lo que ella no había descubierto que en cierta manera, desde un lugar diferente su mamá también no la consideraba capaz, sobreprotegiéndola, resolviendo situaciones por ella. Mientras seguía contándome recordaba una sesión pasada en la que me contó la siguiente situación “todo se me rompe, se me cae” y le respondí que tal vez querría hacer mucho y todo junto, continua diciendo, “buscaba un suéter y vi que estaba tirado detrás del televisor, no quise correr el televisor y me estire para tomarlo, no llegaba…“ continuó su relato y en su voz se notaba enojo “…me decía a mi misma constantemente se te va a caer la televisión… y sabes? se rompió, se calló y se rompió“. Le pregunte que hubiese pasado si ese televisor no se hubiese caído?
Muchas veces nos ponemos a prueba de manera inconciente para intentar cambiar un sentimiento, una creencia impuesta hace tiempo en nuestra historia personal, cosas que han formado un autoconcepto. Si Nora hubiese tomado su suéter sin que se cayera el TV, si lo hubiese logrado haciéndolo de la manera mas complicada, talvez sólo por un momento se hubiese sentido muy capaz, con la idea de que ella si puede, pero como dije eso dura un momento y luego aparece nuevamente esa creencia a regirnos y nosotros a ponernos a prueba con situaciones difíciles y complicadas.

La siguiente visita, Hernán, con el hablamos sobre la relación con su esposa, suelen pasar varias semanas y no se encuentran en la intimidad, él quiere mantener relaciones, la busca pero encuentra el desgano y desprecio de su pareja; me cuenta “…dice que esta cansada, que los chicos le demandan mucho tiempo, y yo le digo que venga a trabar como lo hago yo y va a ver que desgastante que es que todo el día la gente te este maltratando, el transito…”. Siento que cuando comenzamos a comparar creyendo que lo nuestro es lo mejor o como para este caso que uno es el más hace, más trabaja, las heridas son mas profundas, el enojo mas intenso, provocando que se defienda de esta desvalorización.
Le hago saber que talvez su esposa continua con un enojo o rencor que no logra disolverse y por ello no quiere mantener relaciones con él. Acordamos que podría probar de otra manera, evitando o tratando de evitar que su esposa tome una posición defensiva. Una manera es considerar, escuchar lo que nos estarían diciendo, saber sobre las necesidades de la pareja, concientizandonos de que somos diferentes y sentimos diferente.
Hernán sigue diciéndome que en esos momentos se siente como era su papá con él mismo, este padre lo criticaba, menospreciaba, y hacia comentarios muy hirientes sobre la mamá de Hernán; “lo que no se elabora se repite”. Todo aquello que hayamos vivido como situaciones traumáticas, aquellas que nos hayan dolido, aquello de lo que más nos quejamos en las relaciones con nuestros padres, solemos repetirlas con nuestros hijos, parejas, etc. De las diferentes maneras, criticándolos, exigiéndoles, o através de insultarlos, demandarles; estas y otras pueden derivar de algunas de las acciones vividas en nuestras infancia, adolescencia y que no hayamos podido elaborar y cerrar. Para el caso de Hernán este será un tema a trabajar en fututos encuentros.
Con la siguiente paciente el tema que trajo para conversar tuvo relación con lo hablado con Hernán.
Daniela, angustiada me decía reconociendo la situación, como trasladaba a su hijo de 6 años aquellos miedos recibidos de su mamá, quien también los había tomados de la abuela de Daniela. Sí, los miedos los recibimos como otras conductas mencionadas y no solo los trasladamos sino que conservamos una gran parte de ellos en nuestras vivencias. Al contarle esto a Daniela asoció que también en momentos se veía como su propio padre regañándole y exigiéndole a su hijo, como su él lo hacia también con ella.
Continua describiendo como había sido en diferentes momentos desvalorizada por él. Hablamos sobre que es habitual desvalorizar a los otros cuando uno sufre un complejo de inferioridad, es el mecanismo defensivo que se encuentra para de este modo disminuyendo al otro poder “subir” uno, creerse mejor a los otros.
Daniela vive en la situación de crisis dado que debe decidir renunciar a un empleo en el cual no se siente a gusto. Pero sus miedos o la falta de enfrentar nuevos caminos la angustian al punto de sentir la presión en su pecho. Daniela, coraje no es hacer, enfrentar sin miedo, sino por el contrario enfrentar, decidir, hacer a pesar de sentir miedo.

El tema de los miedos también tiene relación con la siguiente paciente. Para Silvina, seria su ultimo encuentro, hace unos seis meses decidió regresar a su espacio terapéutico, dado que había retomado sus estudios secundarios y se encontraba ya a punto de culminarlos. Se veía frente a una situación de buscar un empleo o estudiar, o ambas cosas. Recuerdo en aquel momento cuando nos encontramos después de unos años sin vernos, me decía “quiero estudiar una carrera corta y después conseguir un empleo y ahí si ponerme a estudiar psicología, hacerla despacio, tranquila”. Claro tenia que ver con un sentimiento de incapacidad, culpa y con una errónea creencia de que los emprendimientos deben ser realizados sin miedos.
Silvina no lograba superar, ni sobreponerse a un sentimiento de culpa que la invadía por haber dejado sus estudios secundarios cuando tenia 17 años y mencionaba el tiempo perdido. Trabajamos de manera regresiva tratando de volver a experimentar aquellos sentimientos vividos en los momentos que había desistido de darle importancia al colegio. Pudo darse cuenta y asumir lo sucedido, que en aquella etapa tenía otras prioridades y eligió seguirlas. Logro reconciliarse y así la culpa se fue disolviendo. El darse cuenta se origino con el hecho de ver y relacionarse con los sentimientos de incapacidad que le imposibilitaban decidir. Hoy esta inscripta para comenzar a estudiar aquello que deseo, una carrera universitaria.
Nuestros miedos suelen ser proporcionales en intensidad a aquello que deseamos, aquello que más nos gustaría. Pensemos, lo que mas le tememos seria lo que más satisfacción nos traería concretarlo, empezarlo, etc.

Cuál sería el deseo oculto de Delia, 42 años, pareja de Carlos, 10 años menor. Llego al consultorio en el pasado mes de septiembre. Recuerdo el primer encuentro, llego acompañada de Carlos quien me pregunto si el también podía entrar, situación que no es habitual a menos que se trate de una terapia familiar o de pareja. Delia, no había podido tener hijos, la situación laboral también era algo que vivía con incomodidad, recientemente había sido nombrada encargada de un sector de 20 empleados. La situación era difícil le costaba delegar funciones o poner y hacer respetar limites, muchas veces se encontraba realizando tareas que no le correspondían. Obviamente esta situación era un reflejo de lo que también le sucedía en otros ámbitos; una semana atrás le consulte entonces que le sucedía por ejemplo en su relación de pareja. También le era difícil expresar limites y así concretar sus deseos. Conseguir espacios en los cuales pueda desenvolverse sola. Con Carlos compartían además el tiempo dentro de la empresa dado que trabajaban juntos. Delia temía que él se enojara, tomara a mal su voluntad de desarrollar su individualidad que sintiera que se tratara de falta de amor o algo personal. Su dolor, angustia tenían origen además en estas situaciones. Cuando no somos honrados en lo que sentimos, formaríamos un personaje que no somos, un personaje que tiene como intención provocar o evitar en el otro sentimientos o reacciones. Condicionamos nuestras acciones pendientes a esperar determinadas otras en la otra persona. Perdemos libertad y fluidez. En aquella sesión planeamos un encuentro con su pareja para esta semana, así hablaríamos de esto. Carlos no pudo. Fue la primera vez que Delia concurrió sola al consultorio. Se la vio distendida, había planeado salir antes de su casa para dar un paseo viendo vidrieras antes del horario de la sesión.
Note a partir de la experiencia de mi trabajo, que a veces creemos que hay sentimientos, emociones que nos aquejan y que parecería que para cambiarlas deberíamos hacer grandes cambios o excesivos esfuerzos, y no es así, en ocasiones con pequeños cambios, y en cosas sencillas se puede lograr una armonía interior.

Pedro, arquitecto, 3 hijos, exigente y obsesivo en su trabajo, en su persona, en general. Esa mañana había escuchado una canción en la radio que lo había emocionado, cuando me lo contó, busque el tema en Internet y se me dio por reproducirla, la escuchamos, volvió a emocionarse hasta llorar, no sólo era el contenido de la letra de la canción, que habla sobre una persona encerrada en un hospital psiquiátrico, sino que esto tenia relación con una época que él añoraba, una etapa donde no había “encierro”, donde hacia lo que le gustaba. Después de esta reflexión le pregunte “Cuanto hace que no trasgredís? Cuanto hace que no te escuchas y actúas en consecuencia, siendo honrado con vos mismo”
Sorprendido me contesto que hacia mucho. No estaba pudiendo escucharse.

Si en vez de decirnos nos escuchamos, yo siento que los resultados serian otros. Escúchate. No cuando hablas, no me refiero a eso, ni tampoco a un pensamiento, sino aquello que aparece desde lo mas profundo nuestro, el Deseo, lo que queremos. No lo que tenemos que hacer, sino lo que deseamos.-

Lic. Monteperto Alejandro
Psicólogo

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