viernes, 12 de noviembre de 2010

Parejas

Querer, cuando sentimos la necesidad de que la otra persona satisfaga, complete alguna falta, soledad, que creemos tener. Búsqueda de aprobación, aceptación.
Amar, hay plenitud en mi y soy testigo y cómplice de la plenitud, autonomía desarrollo crecimiento de mi pareja. Lo acepto mas allá que sus intereses, deseos, preferencias no sean los míos.
Dependencia emocional, Apego, Celos, Posesión, no son parte de las emociones nombras. Creer que la otra persona es la que debe hacerme feliz, creer que no podría vivir sin mi pareja y que me pertenece. Son comportamientos, sentimientos, reflejando carencias, baja autoestima. Una falta de reconocimiento y aceptación propia. No puedo dar aquello con lo cual no cuento, Amor.
Lic. Monteperto Alejandro.
Psicólogo.

martes, 2 de noviembre de 2010

EL PODER DE LOS DEBILES

Desde aquel que se muestra herido, que se siente lastimado, damnificado, víctima, generaría en otros el ejercicio de la piedad, o de la acción de pedir perdón.
Dos lugares, dos posiciones que una persona puede asumir frente a la vida. Uno delante, afrontando, confiando en las propias limitaciones y aceptando aquello que obtiene por los propios medios. Aceptando también sus inseguridades, carencias. Escuche a un paciente repetir: “Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita” riqueza interior para aceptar tiempos, logros, frustraciones., etc.
Otro lugar, una posición opuesta, es la de aquel que se encolumna detrás del otro que mencione; es aquel que no responde por simismo (responsabilidad) hace cargo, culpable, responsable al que decide, elije, acierta y se equivoca. Evitando así riesgos.
El primero atesora, cuida, valora cada logro y también cada pérdida, sin detenerse en la queja o en la demanda. El otro no logra conservar porque no logra valorar, lo que sería producto de una desvaloración propia de las primeras vivencias, que marcaría la posición de estas dos a ocupar.
El poder de los débiles, es oculto, poco aceptado o difícil de asimilar. Confundimos poder con posesión? O lo relacionamos con autoestima, valoración? No.
Pretender la atención, mirada de los demás, la queja, la demanda constante, tanto desde una posición en la cual me siento inferior, o me siento superior corresponderían a los mismo.
Sentirme el mejor como el peor, no me colocarían en un mismo lugar de ser único, ego centrista? …

Lic. Monteperto Alejandro.

sábado, 2 de octubre de 2010

CIRCCULO DEL 99

El círculo del 99

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día el rey lo mandó a llamar. Paje -le dijo- ¿Cuál es el secreto?¿Qué secreto, Majestad?¿Cuál es el secreto de tu alegría? ¡No hay ningún secreto, Alteza!. No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.

No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto. ¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿Por qué? Majestad, no tengo razones para estar triste. Amo a Dios sobre todo, su Alteza me honra permitiéndome atenderlo, tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz? Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar, dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado!!!! Pero, Majestad, no hay otro secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...Vete, ¡Vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió un poco asustado, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana. ¿Por qué él es feliz? Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo..¿Fuera del círculo? Así es. ¿Y eso es lo que lo hace feliz? No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.

-A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
-Así es.
-¿Y cómo salió?
-Nunca entró
-¿Qué circulo es ese?
-El círculo del 99.
-Verdaderamente, no te entiendo nada.
-La única manera para que entendiera, sería mostrártelo en los hechos.
-¿Cómo?
-Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
-Eso, obliguémoslo a entrar.
-No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
-Entonces habrá que engañarlo.
-No hace falta, Su Majestad.
-Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito. Son pocos los hombres tan grandes que sean capaces de resistir.
-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
-No, al contrario. Pensará que es su fortuna.
-Y después, cuando se sienta infeliz, ¿no podrá salir?
-Si podría, pero muy pocos hombres son capaces de lograrlo. Les llamamos "santos".
-Que esperas, hagamos la prueba.
-Majestad, ¿Está dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
-Sí
-Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
-¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso? Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
-Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste.”Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena.

El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido de la bolsa sobre la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían, ¡Era una montaña de monedas de oro! Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60 hasta que formó la última pila: 9 monedas !!!Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.“No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.¡Me robaron -gritó- me robaron, malditos!!Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”. “99 monedas. Es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo, pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguno de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?.Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. “Doce años es mucho tiempo”, pensó. Quizás pudiera decirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡¡¡Era demasiado tiempo!!! Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender.... vender.... Vender.... estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno?¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99... Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y amargado.¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo. Nada me pasa, nada me pasa.

Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo. Hago mi trabajo, ¿No? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también? No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje del círculo del 99.

domingo, 29 de agosto de 2010

No, amor, agradar ser amable, incondicionalidad, límites, son palabras que se mezclan en mis pensamientos y algo siento que tienen que ver unas con otras.
En lo cotidiano, en nuestras relaciones familiares, o con nuestras parejas, o en lo laboral, con nuestros hijos, aparece la incomodidad para decir “No”, que difícil suele ser decirlo. ¿cuantas veces nos hemos visto haciendo, diciendo algo por “no quedar mal” o “ por quedar bien”. Pero también no nos es grato escuchar un “No“. Es que desde la posición de emisor de este monosílabo, surge el miedo a que nos digan por ejemplo “sos malo, dale no lo seas”. El hecho de que no puedo conformar al destinatario de ese “No”, despertaría en mí un miedo primitivo, innato, de no ser “amable”, “querido”, aceptado, o ser rechazado en cualquier medida o intensidad por otro.
Habría una intolerancia en nosotros de no permitir la diferencia, lo diferente seria rechazado. ¿Acaso esto no es evidenciado en lo social? ¿qué nos pasa con lo que no es como nosotros? Y ahí aparece la crítica y la comparación, pero tanto una como la otra necesitan un desarrollo aparte. Decía que al pronunciar el “No” muestro que no soy igual, que en algo no coincido con el receptor de esta negativa, en ese momento no soy como el quería que yo fuese. No complacería su deseo, interés. Digo, podemos coincidir en otras tantas, de hecho podré decir “Sí” a otras cosas, situaciones, etc. No coincidir en algo con otra persona, no indica que no haya cariño, por el contrario, lo hay, porque respeto mis deseos y los respeto de una manera genuina y hasta talvez desinteresada en relación al otro, no por quedar bien frente a su mirada.
El Limite permite enmarcar dos o mas partes, para que no exista una incondicionalidad; para evitar que mi individualidad se pierda y que mis deseos ya no sean tenidos en cuenta. Limitarse uno mismo, no a otros, desde mi límite hay amor.
Amor (sin-muerte) puede ser incondicional, de una madre-hijo, no así hijo-madre que sí es condicional, como sucede en todo otro tipo de relación. ¿Puedo dar algo con lo cual yo no cuento, algo que no tengo? Amor hay en una relación cuando puedo decir No, en función de preservar, proteger mis propias intenciones, condiciones. Hay vida y hay amor, recuerdo…”no en todo podemos coincidir”, “no en todo momento voy a poder estar a tu lado”, “tus intereses talvez no son los míos y yo no pretendo anularlos”. Estas esperadas pronunciaciones, son la expresión de no dar “muerte” ni a tus intereses, y mucho menos a los míos, entonces te amo.

Lic.Monteperto Alejandro D.
Psicólogo

lunes, 21 de junio de 2010

AUTOESTIMA, VALORACION.

Mucho se evidencia sobre situaciones, emociones, conductas que referirían a una condición, Autoestima, valoración propia, egoísmo, etc.
Como para resumirlo se me ocurre comenzar por hacer una diferencia entre Autovaloración y Autoestima.
Autovaloración, tendría relación con algo estable, no variable de cada persona, algo único a lo humano. El valor del ser humano, desde donde somos iguales. Valor más allá de lo que pueda tener en lo material, de lo que me falte, lo que haya estudiado, o lo que no haya aprendido aún. Lo que halla logrado, más allá de mis imposibilidades, capacidades, incapacidades. Por fuera de lo que puedan decir mis compañeros, colegas, amigos, familia. Valor que viene en uno desde el momento de su concepción y que permanecerá en nosotros hasta algún momento en que talvez nuestra mente no nos permita saberlo.
Esto de la igualdad, de ser iguales, me parece útil recordarlo, hacerlo presente, en situaciones en las que vienen pensamientos de crítica de desvalorizar a otros. En algún momento me extenderé aún más sobre este comportamiento, porque creo que es uno de los modos de obtener algunos beneficios y de empezar a dejar de sentir miedo por el “que dirán”.
Volviendo a lo de Autoestima, término que se referiría a algo variable, a algo que ya no es fijo y constante en todos, y en cada uno todo el tiempo. Autoestima, siento que depende de mi estado de ánimo, lo que pueda haberme sucedido en un momento, aprobar un examen, comprarme o recibir algo que desee. Una conquista profesional, una fortuna en lo sentimental. O una frustración, una imposibilidad, no tener, no alcanzar, no llegar. O sea, todo aquello que no sería Autovaloración. Autoestima tiene que ver con sentir, con tener, mientras que Autovaloración tendría relación con ser.
Estoy convencido de tres maneras de ir transformando estos sentimientos de “baja autoestima”, como suele mencionarse. Primero realizando esta anterior diferencia entre lo que sería Autovaloración, Autoestima.
Luego, haciendo, decidiendo en función de uno mismo y no en función “de otros”, preservarme en mis decisiones, más allá del “que dirán”. diciendo cuando sea necesario “no”, a aquellas situaciones que más tarde provocaran que me sienta incomodo conmigo mismo, que me enoje conmigo. Egoísmo es amor a uno mismo. A veces nos encontramos con la supuesta imposibilidad de decir “no” por miedo a que la otra persona se enoje, moleste, o lo que sea. No se puede tenerlo todo, uno quiere conformar a aquellos que nos rodean, expresarnos y que la otra persona no se moleste, esto no siempre es posible, sería como creer que podemos agradarles a todos y todo el tiempo.
La tercer manera creo que tiene relación con idealizar, no querer ser lo que soy, querer ser alguien diferente a lo que soy. Cuando idealizo, cuando digo como tendría que ser, coloco la meta, el objetivo (producto de mi exigencia) en un nivel muy elevado, es inalcanzable, por lo que voy a frustrarme, sensación que aún más me hará sentir mal, que no puedo, que no sirvo, etc.
Y así entramos en una situación que se retroalimenta provocando en un futuro enojo profundo con mismo.
Lo de a continuación es un diálogo en una sesión con una paciente de 18 años. Me pareció que puede ilustrar un poco más lo antedicho.
Comienzo preguntándole:

-¿A que le tenés miedo?
- …hablar en el aula, a decir algo y que no este bien, a hacer algo que me salga mal y que se rían (compañeros).
-¿Qué pasa, que sentís cuando eso sucede?
-Bronca, ganas de matarlos a todos.
-¿Qué más?
-Me angustia.
-Es eso lo que evitas, no importaría la reacción de los otros, no tiene que ver con lo que te dicen. Lo que evitas es sentir la angustia.
-Si, claro.
-Ahora, realmente evitas sentir, la angustia, se logra? ¿Qué pasa cuando la situación terminó, el momentos después? ¿Como te sentís con vos misma?
-Me siento mal.
-¿Mal?
-…si, me quedo enojada.
-¿Con vos?
-Si y con ellos.
-Uno se enoja con uno mismo. Después del enojo, siento que la angustia puede hacerse presente, por el hecho de no realizarte libremente, mas allá del comentario, expresar lo que creías es ese momento. Hacer o dejar de hacer por lo que dirán, yo siento que esto acrecienta un malestar con uno mismo, no favoreciendo nuestro autoestima.

lunes, 17 de mayo de 2010

LA FRUSTRACION

La frustración, sentimiento que provoca diferentes emociones, como enojo, ¿con quién me enojo? con uno mismo, aunque en determinados casos hacemos responsables a otros.
Frustración suele ser huésped permanente de toda aquella persona Exigente, en tanto coloca sus metas muy elevadas, o tolera poco el transito por el camino de la vida, prueba y error, no permitiéndose crecer.
Todo lo que realizamos lo hacemos esperando un resultado positivo, por eso se elije y se procede de terminada manera. Ahora bien, hay tantas variables que inciden en lo que hacemos y nosotros nos creemos todopoderoso. La frustración no tiene lugar cuando uno acepta que lo que hizo fue creyendo que era lo mejor. Con un resultado puesto es fácil decir "hubiese hecho otra cosa"...Frustrarse es no permitirse vivir...
Lic.Monteperto Alejandro.

lunes, 10 de mayo de 2010

Yo soy Yo
Tú eres Tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú.
Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos
será maravilloso.
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a Mí mismo
cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a Ti
cuando intento que seas como yo quiero
en vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.

Fritz Perls

VERGUENZA

La vergüenza, situación incomoda, malestar general que lo sentimos acompañado de ruborización, palpitaciones, sudoración.
¿Sirve de algo saber de donde es su origen? ¿es sabido que corresponde exclusivamente al ser humano? ¿sentirán los animales vergüenza? ¿se avergonzara el perro que ladra hasta queda ya sin fuerzas, vuelve y al rato retoma su ladrido como despreocupado por su mal pasar anterior? ¿Se avergonzara aquel depredador que frente a la mirada de su compañera manada falla en el intento de capturar su presa? Es evidente, no tienen esta emoción, no hay registro de ello, vuelven a intentarlo sin importar lo sucedido. Nos es innata, si, y es una emoción, nos pertenece y se mantiene en nuestro interior. Según me parece haber leído viene su gesta desde nuestros primeros días de vida. Cuando nacemos sólo necesitamos alimento y abrigo. Este acto realizado por quien sea el responsable de la función, suele venir acompañado de algún gesto de afecto, una sonrisa, una mirada, manera por la cual nuestro psiquismo asociaría lo elemental para vivir con lo afectivo. Se me ocurre, a mi, algo así como “vivo en tanto sea aceptado por el otro”. En la vergüenza lo que aparece es el miedo a no ser aceptado por pares, al rechazo, a mostrar la diferencia en relación a los demás, situación que provocaría la muestra de mi ”falla“, de mi falta, lo distinto.
Ahora, una emoción, y como tal, imposible de ser eliminada, sé que las emociones no pueden extirparse, pero también sé que puede tratarse de una cuestión de intensidad, de tolerancia, la fuerza con la que se presenta y la tolerancia que tenga uno mismo con respecto a esa emoción, como se vivencia, en casos puede llegar a ser un estorbo, un anticipo, que nos privaría de hacer. Estas dos variables, creo que se relacionarían con nuestra experiencias pasadas y fundamentalmente con el concepto que tengamos de nosotros mismos. Estima, valoración propia, como es el trato que uno mismo puede ejercerse, Autoestima pensaré en ello, y prometo volver a escribir, claro, si tolero la emoción a raíz de esté escrito.

Lic. Monteperto Alejandro.
Psicólogo.

ansiedad

ANSIEDAD

Hoy sábado, mientras estaba en casa y ya había terminado con esas tareas que uno planea en la semana, para el próximo momento en que se tenga libre, encendí mi compu, tomaba unos mates y a mis pensamientos vinieron momentos, escenas, comentarios de algunas de las sesiones de la ultima semana, recordé lo que había escuchado, se repetía en varios pacientes una inquietud, una molestia. había una pregunta que se repetía de diferentes maneras. Hasta recordé que alguien me había llegado a describir molestias físicas. Todos mis recuerdos remitían al la misma sensación: se trataría de Ansiedad.
Y decidí escribir sobre ella.
La misma aparece internamente como una sensación de alarma, como un estado expectante, como una preparación para algo que aun no es llevado acabo. Como que se encenderían los motores pero uno no se pone andar.
Una situación, o varias, se presentan como un estimulo, algo a resolver, uno obstáculo a sortear, esto puede llegar desde mi exterior donde es percibido por mis sentidos, o como sucede a menudo puedo vivirlo desde mi interior, tal vez no de manera clara, sino en una gran confusión de pensamientos, ideas… hay un cambio en mis sensaciones físicas; incertidumbre, malestar, palpitaciones, agitación, y en algunos casos sudoración en manos.
¿Porque se mantiene, que hace que la siga sintiendo? ¿Qué hace que esta ansiedad no cese? Siento que se debe entre otros motivos a dos razones. Dos conductas que provocan que siga estando, que siga sintiendo ansiedad.
a) No enfrentar las situaciones: Tal vez esto producto del miedo, a que lo que yo pueda hacer no sea lo correcto, lo que se debería; pero esto del miedo merece y necesita una explicación, un desarrollo aparte. Volviendo a lo de no enfrentar, cuando la ansiedad se hizo presente y elegimos no enfrentar entramos en la inactividad, pasividad, o bien en una conducta evitativa, escaparme, postergar. Conductas estas, que nos generan Culpa, que al igual que el miedo también merece otra dedicación aparte.
Se pone en marcha un doble mecanismo psíquico, agrando, sobredimensiono, veo como imposible de resolver, realizar aquello en cuestión, eso que se nos presenta para hacer y a su vez disminuyo mi capacidad de resolución, me siento sin herramientas, sin las fuerzas, sin posibilidades de llevarlo acabo. Es este uno de los erróneos y reiterativos pensamientos que habitan en nosotros y condicionan nuestras emociones y conductas de manera negativa.
Pensar que mucha gente a enfrentado la situación que se nos presenta, que no solo a mi me pasa, que otros ya lo resolvieron, lo pasaron, ayudaría.

b) Haber dejado que situaciones sean resultas por alguien a quien le delegábamos la responsabilidad, por haberlos creídos mas idóneos, o capaces; o bien puede ser también que lo hayamos acompañando a que lo hagan por nosotros; al ver que no nos sucedió nada malo, volveremos a repetir una y otra vez la manera de no enfrentar o de solicitar la ayuda. Situación que nos da la experiencia de que no podríamos realizarlo nosotros mismos. Que nos informa que si lo hace otro, yo no corro riesgos.
Evitar aquello que me genera miedo es el camino directo a disminuir mi estima. De esta manera no podré sentir que puedo realizarlo, que puedo ser condescendiente conmigo si el resultado no es el que yo esperaba.
Ahí estuve escribiendo, haciéndolo… vencí mi ansiedad, logre hacer que desaparezca… claro, hasta la próxima vez.


Lic. Monteperto Alejandro
Psicólogo.
Una posibilidad de cambio existe, es lo que nos guía al crecimiento. ¿Cómo llevarlo acabo? Hemos recibido una influencia sociocultural que nos deja como mensaje intentar cambiar a partir de destruir lo que no nos gusta, o no nos hace bien. En estas conductas existe la negación, el rechazo, dando lugar en nuestro interior a emociones de enojo y frustración. Todo pasa a ser como lo imposible, nos decimos “no puedo“ o “yo soy así y no me sale“. Y al tiempo de nuevo… volvemos a encontrarnos en la misma situación que antes no quisimos estar, la situación que deja ese sentimiento de desesperación, angustia.
Para modificar una conducta, una imagen, nuestra imagen corporal, un comportamiento, la posibilidad de decir “no” sin sentimientos de culpa posteriores… debe hacerse desde el AMOR, primero aceptando, conociendo y no negando aquello a cambiar. Y luego sabiendo que el miedo no debe ser eliminado sino que su función de paralizarnos se puede cambiar por la de guiarnos en el sentido que nos permita crecer.